
Poco más de una hora después de ganar la Eurocopa en Viena, frente a nada más y nada menos que Alemania, me han entrado ganas de escribir sobre lo que estos últimos días he vivido. Hace calor y tengo la ventana abierta, los coches no cesan de usar el claxon mientras pasan por la calle con las banderas por fuera de la ventanilla. La gente está feliz, y yo también. Lo que ha ocurrido ha sido una lección de colectividad, de un país que frente a las diferencias es capaz de unirse por un sentimiento, deportivo, futbolístico, pero un sentimiento al fin y al cabo.
Pero la lección ha sido la que creo que nos han dado los jugadores. Una generación de ganadores que se unen a los grandes deportistas que triunfan en otras disciplinas, como Nadal, Alonso, Contador, Gasol, Navarro y toda la selección de baloncesto. Se han unido al triunfo, y nos han dado una alegría más como país. Y es que el futbol era nuestra asignatura pendiente, y es que el fútbol es diferente a todo lo demás.
Una vez dije en este blog que el hecho de que un acontecimiento sea capaz de unir, hacer vibrar, levantar, emocionarnos y mover a las masas como lo hace el fútbol es digno de admirar. Y que este deporte sea capaz de hacernos sentir bien es algo grande.
Vuelvo a elogiar a esta generación de jugadores, que se llevan bien, que huyeron de todos los fantasmas y miedos que invadían al futbol patrio, que supieron hacer una piña y que fueron a Austria a ganar, no a pasar de cuartos, sino a ganar. Nos han dado una lección de trabajo y sacrificio, y sirve como ejemplo a muchos niños que aprenderán que con esfuerzo se consiguen las cosas. Y de entre todos me quedo con Casillas, me cae bien.
Y futbolísticamente no se puede sentir uno más orgulloso. Ha ganado el equipo que mejor ha jugado, que se ha creído el fútbol y se ha divertido practicándolo, que ha hecho del equipo la bandera y de la ilusión su fuerza. Han tenido a un país pendiente de ellos, admirándoles y creyéndose que jugando así se podía ganar cualquier cosa. España ha bordado el fútbol, y ha ganado porque lo ha merecido.
Y todo esto nos hace sentirnos felices, y cualquier cosa que nos haga olvidar los problemas diarios es bienvenido. España se merece un alegrón como este. Felicidades.